24 jun. 2012

Just... don't ask me why again.


En mi vida he cometido muchos errores, pero han sido todos por la misma buena causa -y diciendo esto me voy consolando. 

Hay mucha gente que precisa de vivencias para escribir... yo no. Lo que proyecto sale de muy adentro, tan atrás, tan debajo incluso del subconsciente, que después mi mente se queda temblando de la necesidad de probar aquello que la tinta acaba de marcar sobre el papel, relatando hechos o enmarcando situaciones. Y claro, eso no es siempre recomendable; en ese mundo interior la sangre no fluye del mismo modo por las venas, no duele, ni tampoco genera amor... y mucho menos odio, como sí sucede en el mundo real, cuando intentas probar esas fantasías. 

Mis impulsos se mueven persiguiendo una historia, y mi propia historia, mientras tanto, queda relegada a un ingente cúmulo de errores, fruto únicamente de la voluntad pasional de existir nítidamente. 

14 jun. 2012

A Sabela Ruliña. Porque sempre poderá contar comigo.

Compañera 
usted sabe 
puede contar 
conmigo 
no hasta dos 
o hasta diez 
sino contar 
conmigo 

si alguna vez 
advierte 
que la miro a los ojos 
y una veta de amor 
reconoce en los míos 
no alerte sus fusiles 
ni piense qué delirio 
a pesar de la veta 
o tal vez porque existe 
usted puede contar 
conmigo 

si otras veces 
me encuentra 
huraño sin motivo 
no piense qué flojera 
igual puede contar 
conmigo 

pero hagamos un trato 
yo quisiera contar 
con usted 

es tan lindo 
saber que usted existe 
uno se siente vivo 
y cuando digo esto 
quiero decir contar 
aunque sea hasta dos 
aunque sea hasta cinco 
no ya para que acuda 
presurosa en mi auxilio 
sino para saber 
a ciencia cierta 
que usted sabe que puede 
contar conmigo.


Mario Benedetti. 

2 jun. 2012

Confesión.

Ni siquiera te queda la decencia de poder decir que nunca te habías sentido así. Siempre hay un día que lleva por nombre Melancolía, y tú siempre eres el reflejo de ese día gris en la realidad que nos envuelve.

Sabes que el tiempo le dará la razón a las pocas palabras de ánimo que resuenan en tu cabeza: estarás bien, no es tan grave, no existe un problema que no tenga solución... Llega a ser realmente triste tener que desahogarse con una página en blanco, aunque siempre exista el consuelo de pensar que no tener nada por lo que desahogarse sería más triste todavía.  He vuelto a ser la mujer que deambula por las calles de tu ciudad con la cabeza gacha, y nunca sabrás si tras la sombra que tiñe sus pupilas se encuentra una tristeza existencial o el puro dolor; de la misma manera que nunca descubrirás claramente si el amor es algo que existe en positivo o sólo es un concepto que está ahí para hacerlo todo un poco más llevadero -a veces.

Así como las grandes ideas no nos alcanzan cuando tenemos un bolígrafo en la mano, las cosas buenas de la vida sólo llegan cuando no podemos atraparlas; o quizá sólo creamos que son las buenas porque nunca hemos tenido la oportunidad de atraparlas... sí, seguro que es eso.

Nadie tiene la paciencia de leer lo que escribes, así que por qué iba alguien a tener la paciencia de leer en tu alma, más compleja y profunda, más compleja y desconcertante. Muchos sólo quieren que les digas lo que quieren oír, aunque siempre lo nieguen.

A estas alturas yo tampoco sé si estoy escribiendo desde el dolor o desde el rencor.

Podría pararme a pensar ¿qué es lo que causa el rencor? ¿qué es la cobardía? ¿existen las decisiones acertadas? ¿te he querido realmente? ¿me has querido alguna vez, de algún modo? ¿Qué es amor? ¿Qué es creación? ¿Qué es anhelo? ¿Qué es estrella?” - así pregunta el último hombre, y parpadea. 

Quiero decirte que te quiero, te quiero decir que quiero decirte todo lo que pienso realmente. Te quiero.

Me maravilla tu mirada perdida entre la gente, me maravilla tu manera de autocompadecerte, en el mismo grado que me maravillaba cuando me decías que todo estaba bien tal y como estaba -cuando yo sabía que no era así.

Piensa en una historia realmente horrible... qué sencillo resulta pensar "yo estuve ahí" cuando queda lejos. Qué fácil y conformista es sumergirse en el dolor del abandono; cuánto me ha costado levantar cabeza desde que te has ido.

A veces piensas qué habría sido de ti si dijeras todas esas cosas que tenías que haber dicho en el momento oportuno, pero todavía no entiendo por qué no era suficiente con los gestos. Siempre había confiado en las palabras, hasta que comprobé que todo lo que quería explicarte cabía en un beso. Cuando comencé a sentir el tacto de tu piel bajo la mía y en lugar de sentirme cursi me sentía cómoda, cuando dejaba mis dedos deslizarse por tu espalda, al sentir tu sudor entre mis labios, al abrazar tus abrazos, al quererte comprendí qué era la comodidad... pero al marcharte comprendí qué era la vida. Supongo que así es como tiene que ser. Ya me encuentro un poco mejor.

Traté de mil maneras diferentes autoconvencerme de que el dolor que estaba pasando merecía la pena con tal de haberte tenido entre mis piernas, lo traté tan insistentemente que lo conseguí. Pero todavía te echo un poco de menos cuando te veo. Pensar en ti es fácil cuando no eres más que un recuerdo borroso, cuando te personas ante mí, tu realidad se hace material, la idea de ti es tangible de nuevo... y lloro. Creo que mis ojos segregan lágrima tras lágrima para evitar verte del todo.

Ahora, lo único de lo que tengo miedo es de perderte, de perderte todavía más de lo que te he perdido hasta ahora, porque aunque pienso que no es posible que desaparezcas más de lo que ya lo has hecho, también recuerdo que cuando comencé a quererte, siempre pensaba que no podría quererte más... y siempre lo hacía. Supongo que todavía, de una manera infantil, incoherente y masoca, lo sigo haciendo.