31 jul. 2009

Disparates.

Curioso el elevado número de gente que se consideran en la cima de la pureza y la inteligencia por el mero hecho de tomarse a delicados sorbitos una taza de té o infusión que creen que los convierte en gente "chic", moderna, entendida. Alarmantes sus ideas. Irrisorias sus actuaciones.
Curiosa la facilidad que tiene el ser humano para cegarse, ensordecerse y callar e ignorar cualquier atisbo de belleza cotidiana. Alarmante la fragilidad de la conciencia de lo efímero. Irrisorios los humanos que no saben o no quieren saber ser personas.


La filosofía y las palabras no están ahí para que te licencies en ellas y eleves la cabeza con desprecio hacia el resto del mundo creyéndote más culto y capaz, si no para que lo seas sin necesidad de dar saltitos gritando: "mírame, soy superior" y pierdas así toda tu esencia, porque cuando alguien se cree en la cúspide de la intelectualidad por meras apariencias, pierde todo encanto, credulidad y capacidad mental; mientras que si se mantiene en su deseo (y derecho) de pasar la vida aprendiendo para sentirse mejor y poder hacer algo útil, gana todo el humilde honor de ser persona.